martes, 6 de diciembre de 2011

01 - El comienzo

Él, estaba en el campo de batalla, su ejército había sido masacrado, solo eran unos pocos. Le habían encomendado una misión, proteger a la hija del rey, a la princesa Anastasia. Quedaban bastantes enemigos, tal vez demasiados como para los pocos que eran. ya exhausto, fastidiado por el arduo sol del mediodía y la extensa batalla, corre hacia donde se encuentra la princesa.

-Princesa! princesa! - la llama el.
Ella, reacciona dormida - Que pasa comandante? - Pregunta inocentemente
-Vamos princesa! hay que salir rápido, el ejercito de Arkgord ha atacado la caravana, hay que salir ya mismo de acá! - le cuenta preocupado el comandante.

La princesa se dio cuenta del apremio que requería la situación, y dejó de lado todos sus modismos y pertenencias. Corrió con el comandante, mientras donde el le decía hacia donde dirigirse. Él se quedo atrás debido al peso de su armadura.

Minutos mas tarde, luego de correr por los cañones del medio. la princesa se detiene, esperando al comandante Trancos. Cuando él llega, exhausto, ella lo interroga.

- Trancos, cómo es que el ejército de Arkgord nos ha superado en numero y ha debilitado la caravana? Mi padre brindó las fuerzas suficientes para defender la caravana, según sus planificaciones.
- Milady, hemos sido traicionados, el enemigo sabía donde buscarnos. Apenas lleguemos a Brokgard, su padre sera notificado de la traición. Por lo pronto debemos refugiarnos, pasaremos la noche aquí, mañana continuaremos hacia la frontera con los reinos del sur.
- Pero señor, somos solo nosotros dos, usted cree que sobreviviremos todo el camino al reino de los enanos?
- Señorita, no tenga miedo. Crecí siendo un montaraz en esta zona, conozco varios campamentos de refugiados. Por ahora lo mas importante es pasar la noche. - Explica trancos con serenidad a pesar de estar un poco alarmado. El conocía a la princesa de pequeña, y sabia perfectamente de sus pesadillas a cerca de orcos feroces.

Ella estaba confundida, dormida quizás. No entendía como tan de repente, lo que seria un viaje de 1 semana en caravana, se convertiría en quién sabe cuántos días de caminata a pie. No podía creer que haya gente traidora a la corona, la corona de su padre, rey de las tierras de Mirkdor. Tampoco entendía como su padre había contratado a un montaraz como comandante de la caravana, aun así, ella sabia que Trancos no era un montaraz normal, era una persona de confianza para ella, de pequeña siempre lo veía en el castillo, sea en el despacho del padre o meditando bajo un árbol. Cada tanto la entretenía con un pequeño juego de palabras o una demostración de tiro con arco, no era una mala persona.

El se encontraba un poco intranquilo, tenia que defender a la princesa a toda costa. El mismo se había ofrecido ante el rey para guiar la caravana, no podía defraudar al rey, era mas que un superior, era un amigo para el, alguien que le había dado un lugar donde quedarse, y una patria a la cual servir.

Luego de unos instantes de soledad y silencio, la princesa dice, inquieta:
- Esta comenzando a anochecer Trancos, va a hacer frío
- Muy cierto señorita, hay que armar el refugio. Escóndase entre esas rocas mientras yo voy a buscar madera, no tardaré.

La princesa se oculta entre las piedras del cañón, mientras Trancos rápidamente escala hacia la parte superior de los cañones. El encuentra rápidamente un árbol, tala la base solamente y regresa hacia el cañón con el árbol. Cuando llega al fondo del cañón aparece la princesa. Ella se queda mirando mientras trancos trabaja rápidamente la madera para improvisar una fogata y una guarida. Una vez terminado, Trancos le señala el lugar donde ella va a dormir.

- Listo señorita, ya tiene donde pasar la noche. Iré a cazar algo para la cena, puede usted defenderse sola un rato? - Le ofrece una daga.
- Si comandante, valla a obtener alimento, lo estaré esperando aquí. - Toma la daga con poco entusiasmo.
- No se preocupe señorita, todo va a salir bien.

Ella se queda en el refugio, admirándolo. Era poco creíble que con madera se haya logrado eso, era pequeño, pero confortable, dos paredes de piedra y dos de árbol, suficientemente escondido como para que no se vea una fogata desde afuera, luego de un gran rato mirando los detalles de la construcción, apareció Trancos por atrás.

- Lindo trabajo, no? Me temo que con mas tiempo hubiese podido crear algo mejor, pero no queria dejarla sola mucho rato, es usted muy valiosa.
- No se preocupe Trancos, es mas que suficiente dadas la condiciones en las que nos hallamos.
- Es usted muy considerada señorita, sin duda seria una gran reina. Le agradezco su buena voluntad.

Anastasia se ubica en el refugio, mientras Trancos cocina las presas de conejo. Una vez que se encontraron cocidas, le ofrece una a la princesa.

- Tenga milady, es necesario que usted coma. - le estira el brazo con una brochette improvisada.
- Gracias comandante, pero de verdad, no tengo hambre hoy - mira con desagrado la carne chamuscada, ella no estaba acostumbrada a la comida de campamento, fue criada en un palacio con los mejores lujos.
- Señorita, usted debe comer, aunque sea unos pocos bocados. - insistía
- Como desee comandante, pero no pienso comer demasiado. - sostiene con asco la brochette.

Luego de comer y limpiar los restos, Trancos comienza la charla.
- Señorita, debería dormir, mañana nos espera un dia largo y agotador.
- Usted que va a hacer Trancos? - Pregunta inquieta Anastasia.
- Yo voy a montar guardia señorita, no se preocupe por mi, duerma tranquila.

La señorita se acomoda entre las hojas del piso, esperando dormir. Siente el calor de la hoguera, le recuerda al calor de su chimenea, en el palacio celeste. Trancos se dispone a montar guardia, Guarda su espada en el escudo, siempre lista, y se sienta en el piso, observando lo mas profundo del cañón. Los gritos de la batalla reciente lo tienen anonadado y no va a poder dormir durante la noche.